Parece difícil de creer que, hace tan solo unos años, los bancos atraían a sus clientes con importantes intereses y agasajaban a sus usuarios con valiosos regalos. Ahora parecen cuentos de viejos. El cambio de tónica en los bancos ya se notaba antes de la pandemia del coronavirus, pero la crisis ha clavado un clavo más en el ataúd de un modelo bancario en vías de extinción. Esta preocupante metamorfosis de los bancos está siendo especialmente problemática para nuestros mayores.
En los últimos meses, casi todos hemos recibido un correo electrónico o una notificación de nuestro banco advirtiéndonos de sustanciales cambios en nuestras cuentas bancarias. Los banqueros se escudan en que las órdenes provienen del Banco de España, e indican que no les queda demasiado margen de maniobra. Para las personas corrientes esto se traduce en tragar o recoger los humildes ahorros de toda una vida e irse con la música a otra parte.
El problema es que casi todas las entidades bancarias muestran síntomas de crisis económica mientras sacan unas garras invisibles que se aferran a los limitados recursos de los consumidores. Como consecuencia, se aprovechan de cualquier vía para obtener beneficios como sea, que se repercuten en gastos adicionales para los clientes.
Todos hemos visto esos escandalosos carteles en las oficinas indicando que el servicio de ingresos en efectivo en los que hay que indicar el destinatario o el concepto tiene un coste abusivo, y más teniendo en cuenta que el trámite conlleva apenas unos segundos. Y también hemos sido testigos de cómo el banco pasaba a cobrarnos una elevada cantidad al mes por mantener nuestra cuenta, así porque sí. Pero para las personas mayores este cambio de condiciones de los bancos es mucho peor.
Los problemas de los mayores para entenderse con los nuevos bancos
La introducción de las nuevas tecnologías en el sector bancario es un estupendo método para facilitar el acceso de la población a los bancos, pero también supone una discriminación para los mayores cuando se eliminan medios tradicionales al mismo tiempo. Los cajeros automáticos, sucursales y personal de oficina han quedado relegados por gestores online, notificaciones a través de SMS y el servicio de banca online. ¿Pero qué pasa con esas personas que no utilizan habitualmente internet o que ni siquiera saben lo que es una app?
Según alerta el Banco de España, el avance de la digitalización podría dificultar el acceso a efectivo a las personas mayores, a las pobres o a las que tienen algún tipo de discapacidad. Las cifras son abrumadoras: dos de cada tres españoles mayores de 65 años no utilizan internet. Además, el 2% de los ciudadanos no tiene cerca cajeros o sucursales para obtener dinero en efectivo.
A la vez que el entorno digital derriba barreras de acceso, levanta otros muros. De hecho, casi todas las entidades ahora exigen cita previa para que te atienda un empleado de la oficina... cita que hay que reservar a través de la página web, porque las líneas telefónicas están saturadas.
Pero el problema va más allá. En los últimos meses, aprovechando el auge de los pagos a través del teléfono móvil y con tarjeta para evitar el contacto y posibles riesgos de contagiarse de coronavirus, los bancos han eliminado cientos de cajeros automáticos y van a cerrar miles de oficinas.
Los bancos y la exclusión financiera de las personas mayores
Las tecnologías pueden convertirse en una nueva forma de exclusión social si no se garantizan los servicios financieros multicanal que ayuden a los mayores a seguir operando con normalidad en sus bancos. La futura desaparición del dinero en efectivo y los pagos digitales solo les ponen las cosas más difíciles a unos clientes a los que ya solo les atienden en su oficina a cambio de una elevada tasa de gracia. De gracia para los banqueros, claro.
La terrible realidad es que los bancos han decidido echar a los ancianos de sus oficinas. Y esas personas que llevan ahorrando toda su vida pronto verán cómo les quitan su inseparable libreta y esos cajeros automáticos que tanto esfuerzo les ha costado dominar. Si es que lo han llegado a hacer alguna vez.
Mientras todos mirábamos a otra parte, los viejos se han convertido en personas non gratas en los bancos, porque entorpecen el progreso. Los viejos, que tanto han sufrido los efectos de la última pandemia mundial y que, seguramente, seremos todos algún día. Basta con echar un vistazo a la repugnante campaña publicitaria de cierto banco para saber la que se nos viene encima.
Pues yo a mi abuela prefiero protegerla de los bancos que de los abrazos. #abanca
— Jazmin Abuin Janeiro 🌍🛰️🌊🎶🎬🌳🔻🇪🇦🇨🇦🌈💚💜 (@Jazminjazzsoul) February 22, 2021
PD. No digo nada más porque si lo digo me cerrarían la cuenta. La de Twitter. La de ABANCA, afortunadamente, no la tengo. pic.twitter.com/tcgRSb3rTB
Si ni siquiera son capaces de utilizar un teléfono móvil para hacer una llamada, ¿cómo vamos a condenar a nuestros mayores a que se entiendan con firmas electrónicas, transferencias online y pagos por Bizum? Toda una vida depositando una nómina en el banco o pagando una hipoteca se merece más respeto y consideración. Y un poquito de humanidad, por favor.